Un poco de mi historia…



Pienso que como la mayoría en este oficio, empecé coleccionando todo tipo de cuchillos, y como amante y practicante de la vida al aire libre ya sea por el camping, la caza o la pesca, logré comprar mi primer cuchillo a los 16 años, era un estilo bowie de excelente acero sueco con cabo de arandelas de cuero que en aquel entonces y sin tanta influencia norteamericana se le llamaba simplemente “cuchillo de monte”, término que hoy en día casi desapareció.

Coleccioné hasta el límite de mi bolsillo, compraba lo que me gustaba, artesanales, de serie, etc., y justamente mi bolsillo fue lo que me decidió a empezar a hacerlos yo mismo, el único problema que tenía es que vivía en un departamento muy chico y la herramienta mas grande que poseía era una agujereadora de mano.

Toqué el cielo con las manos cuando tuve la oportunidad de mudarme a una casa a reciclar y vi la oportunidad de hacer mi propio taller (siempre digo que compré el patio y el taller, ya que la casa era realmente a reciclar).

Ya hace 11 años que vengo haciendo cuchillos, y me considero autodidacta, nadie me enseño el oficio, lo aprendí de ver trabajos de otros artesanos e imaginarme como estarían hechos, de leer informes técnicos en revistas extranjeras, escuchar las opiniones de los que más sabían y de probar una y otra vez con errores y aciertos.

Forme mi propia opinión de cómo a mi entender debería ser un cuchillo, no comparto la idea del cuchillo multiuso, los que están hechos para cumplir varias funciones siempre terminan no cumpliendo bien ninguna de ellas.

Cada cuchillo debe ser diseñado para cumplir una función específica.
Diseño yo mismo cada cuchillo y no uso plantillas, lo que hace que cada cuchillo sea único y exclusivo.

Obtengo las hojas por el método de desbaste y en algunas ocasiones forjo los filos consiguiendo así una hoja muy dúctil, pasando luego a lo más importante, su tratamiento térmico (que lo hago yo mismo, en horno eléctrico), ya que el mejor acero del mundo quedaría arruinado si este paso no se hiciera correctamente.

Aunque las opiniones aún estan divididas, soy de los que prefieren un poco más los aceros oxidables, se afilan muy bien, tienen una excelente tenacidad y una retención de filo muy buena, estas características se encuentran también en los aceros inoxidables actuales, muy sofisticados por cierto y aleados con componentes que mejoran ciertas cualidades del acero pero que a veces van en desmedro de otras.

Después de todo cuando tenemos la suerte de llegar a usar una hoja antigua de acero al carbono de formulación sencilla, nos quedamos admirados de su filo y la tenacidad que poseen las mismas.

Los norteamericanos implementaron la “moda” de los cuchillos super duros y ultralivianos de 60 Rc o más (Rocwell, escala que mide la dureza del acero), que tienen muy buena retencion de filo pero que en el momento de afilarlos nos da muchos dolores de cabeza, al menos que usemos implementos especiales y de costosa adquisición.

Por experiencia prefiero un filo un poco mas blando (si estoy en pleno campo prefiero tener un cuchillo al que pueda sacarle buen filo con una simple piedra de afilar), con una dureza de aprox. 57 Rc, que aunque no parezca demasiada la diferencia se notará en el afilado, no olvidemos que cuando afilamos de forma manual pasando la hoja sobre una piedra ya sea de oxido de aluminio o de diamante, y más tardemos en sacarle filo más corremos el riesgo de perder su ángulo original.

Además considero que el cuchillo debe tener su propio peso (como le gusta a la gente de campo), se debe sentir en la mano, la sensación de seguridad que brinda es inigualable.



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